Un video resurgido muestra a Lando Norris diciendo que Zak Brown, CEO de McLaren, le prometió comprarle su “auto de ensueño” si se proclamaba campeón del mundo, y la grabación volvió a circular justo después del título de Norris en Abu Dhabi, reavivando la polémica sobre la relación entre piloto y dirección del equipo.Zak Brown ha respondido a críticas y defendido la gestión de McLaren tras la temporada, recordando que la escudería permitió a sus dos pilotos competir hasta el final y celebró el logro del campeonato.
La noticia importa especialmente a los fans de F1 en LATAM porque pone en el centro la dinámica interna de uno de los equipos más seguidos globalmente; muchas audiencias latinoamericanas siguen de cerca a Norris y a la rivalidad interna en McLaren, y cualquier sensación de trato preferencial o promesas personales afecta la percepción de deportividad y la narrativa del campeonato.Además, con fanáticos latinoamericanos cada vez más activos en redes y foros, estas imágenes alimentan debates sobre ética deportiva y gestión de equipos que trascienden pistas y resultados.
La tensión crece porque la promesa —si es real— traslada una decisión deportiva a un terreno personal y mediático, forzando a Brown a equilibrar defensa pública del equipo con la necesidad de transparencia; ya hay declaraciones oficiales de Brown sobre cómo McLaren manejó situaciones internas y sanciones leves por contactos en pista, lo que complica la narrativa pública.Para los seguidores latinoamericanos, esto no es solo un episodio: es un ejemplo de por qué control y comunicación en los equipos influyen directamente en la emoción y la credibilidad del deporte.
