Mohammed Ben Sulayem ha sido reelecto sin oposición como presidente de la FIA para un segundo mandato de cuatro años, confirmado en las Asambleas Generales en Uzbekistán. Desde su llegada en 2021, impulsó reformas drásticas: revirtió pérdidas de €24 millones a un superávit de €4.7 millones en 2024, modernizó la gobernanza y fortaleció la estabilidad financiera, permitiendo inversiones globales en clubes miembros y programas estratégicos[1][2].

La tensión ha marcado su era: controversias por intervenciones alegadas en resultados como el GP de Arabia Saudita 2023 de Alonso, quejas de whistleblowers sobre Las Vegas, multas por lenguaje de pilotos como Verstappen y críticas por gobernanza en 2025. Sin embargo, impulsó soluciones a límites de pista, un nuevo departamento de oficiales para calendarios de 24 carreras y campañas contra abuso online[2][3][6].

Para fans de F1 en LATAM, esto significa continuidad en un liderazgo que prioriza seguridad, sostenibilidad y expansión regional, con énfasis en movilidad accesible y desarrollo de motorsport en áreas emergentes. La estabilidad financiera proyecta €4.4 millones para 2025, prometiendo más apoyo a eventos y participación grassroots en la región[1][4].

Ben Sulayem recibe honores como la Orden de la Amistad de Uzbekistán, reafirmando alianzas globales que podrían beneficiar circuitos y seguridad en LATAM, mientras la F1 enfrenta un futuro incierto con posibles cambios en motores para 2030[2][4].