Mohammed Ben Sulayem fue reelecto como presidente de la FIA para un segundo mandato tras una votación en la que fue el único candidato inscrito, obteniendo el 91.5% de los votos de los clubes miembros en la asamblea celebrada en Tashkent, Uzbekistán. La elección dejó un 8.5% de votos en blanco o nulos, y movimientos previos de aspirantes como Tim Mayer y Laura Villars denunciaron falta de transparencia en el proceso.
Este resultado importa a los fans de F1 en LATAM porque la dirección de la FIA define normativas, calendarios y decisiones que afectan directamente a equipos, pilotos y carreras en la región; además, la composición del equipo de Ben Sulayem incluye representantes clave que influirán en la presencia y el futuro del automovilismo latinoamericano. Las reglas internas que impidieron candidaturas alternativas —por requisitos sobre listas regionales de vice presidentes— subrayan cómo la gobernanza puede condicionar la competencia política dentro del deporte.
La reelección aviva tensiones: hay quienes la celebran como continuidad y otros que reclaman mayor transparencia y democracia interna, debates que pueden traducirse en polémicas públicas y presiones sobre regulaciones de la F1 que impactan a promotores, equipos y aficionados en LATAM. Para los seguidores de la Fórmula 1, la decisión pone en primer plano cómo se toman las decisiones en el organismo rector y qué consecuencias tendrá eso en la visibilidad y las oportunidades del automovilismo latinoamericano en la próxima década.
